1
Entró en la cafetería a tomar su té con una pastita, como hacía todos los días. Iba tan mona, con su última adquisición de pantalones cortos para invierno, una blusa transparente para enseñar sin ser descarada, y su pelo negro recogido bajo un gorrito de lana.
Hizo una pausa nada más entrar para quitarse el abrigo y dejar que todas las personas de la cafetería pudieran verla. El chico tonto que servía en la barra interrumpió su entrée:
- Buenas tardes, ¿Te pongo lo de siempre?
- Quiero un café descafeinado con leche desnatada, nata y sirope de fresa. Templado, en taza grande. Y una galleta Danesa con guinda – lo dijo sin mirarle. Claro que era lo de siempre, pero ella no quería que él tuviera la razón.
Caminó hasta la mesa donde se sentaba todos los días. Sacó su agenda del bolso. Tenía muchas cosas que planificar. Hoy se celebraba el gran Baile de la Parroquia y estaba muy excitada. Tenía un vestido perfecto, y se encontraba guapa y en plena forma, ella no sería rival para …
- Aquí tienes – era otra vez el camarero pesado; traía su café
Se quedó un rato mirándo, así que ella puso cara de asco para que se fuera. Con ese gesto no duraban ni un minuto.
La fiesta iba a ser todo un éxito. Seguro que sería la reina del baile
2
Se despertó y se frotó los ojos con cuidado para no restregar por todo el párpado la raya de rimmel de la noche anterior. Miró alrededor confundida. Tardó un tiempo hasta que se ubicó. Recordó la fiesta, y cómo el chico le había llevado hasta su dormitorio en el campus. Efectivamente allí estaba él, en el otro lado de la cama … ¿Cómo se llamaba? … bueno, da igual, es mono pero no es un chico para ella, no está a su nivel. Se levantó y fue al baño. Hizo un pipi, y mientras estaba sentada en la taza, recordó el baile.
Ha puesto todo de su parte para estar divina. Deja que su melena negra se mueva al ritmo de la música. Ha llegado un poco tarde, una hora después de que haya empezado la fiesta. Retrasarse es hacerse querer. Es una cosa que se aprende cuando se es popular.
Ya le han dicho muchas veces que está fantástica, pero ninguno de los tíos que se lo ha dicho le importa nada. En uno de sus vertiginosos y estudiados giros de baile, se topa con un chico con un traje blanco, le masculla un “hola” al reconocerla.
Pero ella está ocupada. Kandi se encuentra a unos metros bailando, y ella tiene que dar más de sí misma. Tiene que ofuscarla completamente.
Hay un chico bailando con Kandi, no es feo del todo. Kandi parece estar pasándolo bien. Esa pécora con lazos por todo el cuerpo, parece un regalo del todo a cien … ¡Va a enterarse de quien es ella¡
Sigue bailando, pero atenta. En un instante el chico que baila con Kandi se escapa a la barra a por un par de refrescos. Es el momento. Le intercepta, y pone en marcha todo el arsenal de trucos femeninos para volver loco el animal que cada hombre lleva dentro. Este, en cuestión, no resulta muy complicado y entra rápidamente al trapo. En pocos minutos ella está metiendo su lengüecita en la boca de él. Drenándole todos los pensamientos que pudiera tener de Kandi.
¡¡¡¡¡Flushhh!!!!! … Utilizó el papel y tiró de la cadena. Se miró un buen rato en el espejo, al principio crítica, pero tras un par de retoques en el pelo y un par de poses desnuda, recuperó totalmente su autoestima.
Aún así, algo rondaba su cabeza. Abandonó el cuarto de baño y se quedó de pié contemplando el chico durmiendo en la cama. Entonces recordó al camarero de la cafetería … en la fiesta. ¡Eso es! Él fue el que la saludó al principio. Con el esmoquin blanco no le había reconocido. ¿De dónde habría sacado ese traje el camarero? Seguro que era alquilado. Pero no le quedaba nada mal. De hecho estaba muy mono. ¿Cuántos años tendría? Seguro que era mayor que ella. Muchas preguntas … empezó a fantasear con la posibilidad de que se tratara de un delincuente juvenil al que le habían echado de varios colegios. Mmmh … eso le puso muy caliente. Tenía toda la pinta de ser un granuja y un pandillero. Dios, cómo se estaba poniendo. Pensó en regresar a la cama con el pelele que había tirado en ella y utilizarlo para satisfacer sus fantasías. Tras meditarlo unos instantes, decidió en su lugar aprovechar la reciente inyección de autoestima e ir la cafetería a por el camarero.
3
El autobús había tardado demasiado. Empezaba a sentir ansiedad. Entró apresurada en la cafetería y fue directa a la barra.
- ¿Dónde está?- gritó al idiota de la cocina
- ¿Dónde está quién señorita?
- El chico que trabaja aquí por las tardes, el camarero
- Ha salido a fumar un cigarrillo
No terminó la frase, y ya se dirigía al callejón de la parte trasera del café. ¡Fumaba! … cada vez le gustaba más ese …ese sucio cerdo!!!!!
Allí estaba en el callejón, pero no fumándose un cigarro. Estaba besando a una chica!!!!!
- ¡Tú! – le gritó enojadísima – ¿Cómo has podido?
Se giró sorprendido, y tardó unos instantes en encuadrar la situación … Anda, esa es la chica que viene todos los días a tomar café por la tarde. La ví ayer en la fiesta y pasó de mi. De hecho siempre lo hace. Pero, ¿Porqué está cabreada?
- Hola
- ¿Hola?, ¡Cabrón!, Todos los días tirándome los tejos, incluso ayer en el baile, me doy media vuelta y ya te has liado con esa … esa … puuuuta!!!! …
¡Oh Dios mío … NO!!!!! – Se fijó en la chica con la que estaba el joven – ¡KANDI! … no puede ser, no puedes ser tú – no podía tratarse de ella
Salió corriendo de allí
¡Dios mío!, es imposible. Esa grandísima pécora, esa perra pulgosa abandonada, sucia culebra hedionda, esa pedorra mocosa maloliente. ¿Porqué?, ¿Porqué le pasaba esto a ella?
4
Se cansó de correr al llegar a un pequeño parque, y se derrumbó en el cesped frente a un pequeño lago muy mono. Y lloró y lloró
Entre las lágrimas atisbó como se acercaba un pequeño animalito.
- ¡UY! ¿Un gato?
- No, no soy un gato … soy un
- ¡Un gato que habla!
- Soy Klin un coatí
- ¿Porqué Klin, porqué soy tan desgraciada? … sniff… ¿Qué es un coatí?
- Tranquila, todo ocurre por un motivo. Siempre se puede mejorar a partir de las cosas malas. No todo ocurre por …
- ¿Por puta Klin?, ¿Soy un poco puta?
- Hombre … yo iba a decir un poco pendón, pero vaya … que es lo mismo. Chica, deberías seguir tu vida e ignorar lo que hagan los demás. A fin de cuentas, todos tenemos nuestras cosas buenas y nuestras cosas malas. Ya verás como siendo tú misma, puedes tener al chico que quieras y ser feliz
- Cierto, Klin, podré recuperar al camarero. Pero no para quitárselo a Kandi
- Esa es mi chica, así me gusta
- No me importa ella. Quiero destrozarle la vida a él. Voy a hacer de él un miserable. Le voy a dejar tan jodido que no va a levantar cabeza el resto de su vida. Ese cabrón va a desear no haber nacido
- Ahhh … esa no era la idea, la idea es que …
- Gracias Klin, me has servido de mucho. Ahora me voy, pero antes …
5
Ahhh, sin duda se trataba de una mañana agradable en el pequeño parque. Un cielo perfectamente azul, el sol calentaba las plantas y los árboles y estos mostraban su agradecimiento exhibiendo el verde más fresco e intenso con el que podían engalanarse. Los niños jugaban alrededor del coqueto laguito en el centro del parque
- Mamá, mamá … alguien chapotea en el centro del lago
- A ver hijo … ¡Uy! Es cierto. Pero … parece un gato. Pobrecito, ¿Cómo habrá llegado hasta allí?
- Es un coatí mamá …
6
Era la última en llegar al baile. Apareció justo cuando se acababa una canción, así que todo el mundo se giró para mirarla. Su vestido tenía más volantes que un gran premio de fórmula uno. Y era de un color rosa-mecagüentumadreniña que rasgaba las pupilas como una navaja de barbero.
El siguiente cepo para la vista era el pelo. Era irreal. Como un nido de serpientes albinas practicando el kama-sutra.
Y en esa cabecita con una bolsa de cheetos desparramada encima, había incrustada una cara con piel de muñeca de poliespán. Y tenía, como casi todas las caras, una naricita, como un piñoncito pelado y chato, una boquita de pitiminí, que daba la impresión de repetir en un bucle eterno la palabra petit-point. Y un par de ojos gigantescos de color azul-lentilladecolorazulsobremarrón, enmarcados con pestañas de plástico peinadas como sólo se puede peinar el plástico. El cuadro al completo era un reclamo para las sensaciones.
La pituitaria quedaba bloqueada en el intento por parte del cerebro de descifrar el maremagnum de olores frutales, caramelos, flores y plantas mezclados. Una locura que llevaba en su insensatez, a desear un reconfortante regüeldo choricero.
La voz que emanaba de esa boquita fina, y sonrosada era la guinda que colmaba la copa de helado de la casa. Una voz perfectamente modulada con la dulzura de un melocotón, si es que estos pudieran hablar: aterciopelada al principio, suave, como si el sonido mostrara su reticencia a salir de la boca. Que luego se hacía dulce y coqueta. Y terminaba con un poso carnoso y sensual que incitaba inmediatamente al deseo.
Era la reina recién llegada y ya coronada del Baile de la Parroquia, era Kandi